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por
Eliana Mirelman
Cuando mi abuela Lola falleció, el abuelo
Simón nos pidió a cada uno de sus
7 nietos que eligiéramos un objeto de ella
de recuerdo.
Mi hermana pidió el juego de peine y cepillo
con mango de plata con los que peinaba sus cabellos,
mi hermano la porcelana LLadrós del niño
y las ocas.
Yo conservo la figura de una bella mujer desnuda
arrodillada, bebiendo agua en el canto de sus
manos, porque la lata de galletitas de plata martelée
no formaba parte de las opciones.
Terminó en manos de la empleada de su
segunda esposa!
¿Qué significaba esa lata de galletitas
para mí?
Lola había nacido en Polonia. Allí,
sus padres murieron de tuberculosis por la gran
hambruna. Por esa razón
Lola emigró a Uruguay con 15 años
cuidada por su hermano Stachiek varios años
mayor que ella.
En uno de sus viajes a visitar amigos en Argentina
conoció a Simón, un joven ruso que
trabajaba vendiendo puntillas y telas Suizas.
Este ,se enamoró de esta hermosa joven
de cutis blanco, ojos celestes y manos aladas.
Se casaron y tuvieron 3 hijos, el menor Ricardo,
mi papá.
Simón fue trayendo de a uno a sus seis
hermanos y los asoció a su empresa textil.
Finalmente, mudó a sus padres.
Con esfuerzo y mucho trabajo, Simón fue
progresando y paralelamente desarrolló
una importante actividad en el seno de la comunidad
judía. Por esa razón, su casa era
centro de frecuentes reuniones.
Lola fue siempre una excelente anfitriona, elegante,
discreta y tal vez, fruto de sus penurias infantiles,
una excelente cocinera.
Los sábados, almorzábamos en su
casa. La mesa estaba tendida de fiesta con hermosos
manteles bordados, los platos de porcelana blanca
con el borde dorado y 3 juegos de cubiertos de
plata!
A mí me ponía ansiosa tanto ritual.
Pero la mirada dulce de la abuela a cuyo lado
siempre me sentaba, calmaba mi miedo.
Sentado a la cabecera el abuelo dirigía
la conversación y los chicos sólo
hablábamos si se nos dirigía la
palabra. En mi casa no era así! Erámos
chicos charletas!! A mí me costaba horrores
guardar silencio! Y me rebelaba! Mis primos trataban
a los abuelos de usted, yo siempre los tutée.
La mucama de impecable uniforme negro con delantal
blanco con puntillas alcanzaba las fuentes que
luego mi abuela servía. Primero a su esposo,
luego a los grandes, a los niños y finalmente
su plato.
La entrada era un huevo duro con una anchoita
encima, un poquito de atún, unas rodajas
de tomate y de cebolla pasadas por agua hirviendo
para que no repitan.
Luego venían el caldo con kneidelej (bolitas
de harina de matzé), el pollo con farfalej
y finalmente, el delicioso strudel de manzanas
o guindas cuya masa era más fina que papel
celofán! Hummm!
Yo comía poquito de cada cosa porque sabía
que aún faltaba lo mejor!
Entonces traían el café para los
grandes y la abuela, cual un mago, abría
la puerta del aparador y hacía aparecer
la famosa lata de galletitas con forma de grueso
tubo cuya tapa se sacaba tirando de un pomo de
plata con forma de trompo!
Y el aire se llenaba del tibio aroma de las galletitas
de dientes.
Aún hoy, el recuerdo de mi abuelita Lola
está indefectiblemente asociado al sabor
de esas galletitas que terminábamos de
devorar sentados en la alfombra del living jugando
con las fichas de nácar de póker
del abuelo y cuya receta les regalo hoy. Bon appétit!
Masitas de dientes
Ingredientes:
2 tazas de harina no leudante, 1
taza de azúcar,100 grs de manteca, una
yema, 1 huevo entero, 1 copa de cognac, una cucharadita
de polvo de hornear, ralladura de la cáscara
de un limón
RELLENO: pasas rubias,
dulce de membrillo , nueces picadas.
Preparación:
Colocar la harina tamizada junto con el polvo
de hornear y el azúcar en la mesada en
forma de corona. En el centro poner la manteca
quebrada en trocitos ,la ralladura de limón,
el huevo entero y la mitad del cognac. Trabajar
todo con la mano a medida que se le va incorporando
la harina de alrededor. Amasar hasta formar un
bollo, debe ser una masa medio húmeda así
que si es necesario se le puede ir agregando un
poco más del cognac si fuera necesario.
Ponerla a enfriar en la heladera una media hora
envuelta en papel transparente. Retirarla y estirarla
más o menos de unos dos milímetros
de espesor. Cortar tiras de unos diez centímetros
de ancho.
Mientras la masa está en la heladera preparamos
el relleno de la siguiente manera: pisar con un
tenedor el dulce con el cognac y las nueces picadas
y mezclarle las pasas sultán rubias.
Poner el dulce en el medio de la tira en el sentido
del largo. Doblar y apretar el borde a lo largo.
Queda como un chorizo o rollito con un borde
de masa. Cortar cada cuatro o cinco centímetros
después de haberlos marcado apretando bien
con el canto del dedo meñique. Apretar
bien el borde y luego hacerle dos pequeños
cortes que son los que nos van a permitir darles
una leve forma de medialuna.
Pintarlas con la yema de huevo y ponerlas en
una plancha enmantecada y enharinada en horno
a temperatura regular.
No deben tostarse mucho de abajo y arriba deben
quedar doradas y brillantes. |