| |
María
Alejandra Perciavalle
La imagen que uno tiene de Europa
viviendo en la Argentina, esta magnificada
e idealizada por varios factores concretos.
A saber:
| * |
El
hecho de que gran parte de nosotros
seamos nietos o descendientes
de europeos indica que obviamente
fuimos criados y recibimos desde
nuestra cuna la tradición
de los pueblos de origen. Mamamos
las añoranzas de nuestros
ancestros que con el tiempo y
la distancia se acrecentaron al
paso de los años... todo
aquello que se vuelve imposible,
en la mayoría de los casos,
se idealiza y se desea aun más.
Si sumamos que nuestro país
involuciona y que Europa salió
de las guerras y se convirtió
en un lugar estable y próspero,
comprenderemos que el legado inconsciente
que hemos recibido se torna cada
vez mas lógico y verdadero.
|
 |
| * |
Europa
es rica y lindísima. Es
ordenada, muy ordenada y estrictamente
disciplinada, si la comparamos
con nuestro desorden y nuestro
caos sudamericano.
El hecho de que sea ordenada y
disciplinada no quiere decir que
también sea eficiente si
bien es mucho mas fácil
ser eficiente desde el orden y
contando con la disciplina como
accionar. Pero como en todo en
la vida, hay siempre un lado brillante
y un lado oscuro. Tendemos a mostrar
el brillante y a esconder lo oscuro.
Los países también
hacen lo mismo pues están
formados y habitados a la imagen
y semejanza de sus ciudadanos.
|
 |
| * |
La
mayoría de nosotros estamos
signados por un hecho concreto
que en algún momento debemos
de cumplir inexorablemente para
que nuestra vida sea completa.
Son esos mandatos ineludibles
que muchas veces no racionalizamos
pero que inconscientemente están
en nuestro interior como algo
pendiente a cumplir para sentirnos
realizados. ¡El famoso viaje
a Europa! Eso significa que en
algún momento abordaremos
un avión y pasaremos “x”
cantidad de tiempo en el viejo
continente, en un tour paseando
y admirando todo. Como turistas
de vacaciones, viviremos momentos
inolvidables visitando lugares
maravillosos, acumularemos anécdotas
deliciosas, escribiremos postales,
sacaremos fotos... Es algo así
como vivir el delicioso comienzo
de un enamoramiento, donde todo
es descubrir con interés
y mucha energía lo lindo,
lo bueno, lo sano. El tiempo nunca
nos alcanza para vivir lo suficiente
parándonos en la desnuda
realidad de lo cotidiano y aprender
que en toda partes se cuecen habas
pues es imposible llegar a detectar
el lado oscuro de ese continente
maravilloso al que venimos tan
bien predispuestos. |
 |
| * |
Si
dejamos de lado los paisajes,
las autopistas, los museos, los
miles de siglos de civilización
que fueron necesarios para crear
las múltiples comodidades
del sistema europeo, descubriremos
que detrás de todas esas
cosas hay gente que tiene los
mismos miedos que todas las personas
del planeta y contrariamente a
la idea que nos hicimos... no
son más inteligentes que
otros, simplemente que viven en
países más prolijos
y organizados por contar con siglos
de civilización y enseñanzas
tan extremas como dos guerras
que dejaron como saldo positivo
lo que encontramos hoy.
También cuenta el hecho
de que aquí las necesidades
básicas están cubiertas
y contempladas. El estado te ayuda
a llevar una vida fácil
y te encarrila a que seas un ciudadano
que cumpla con sus deberes para
poder tener acceso a los derechos.
Creo que allí esta el quid
de la cuestión. La gente
que nació con esta costumbre
de ser asistida generalmente nunca
paso por las crisis que nosotros
hemos pasado y entonces no tienen
la flexibilidad necesaria para
poder parase en otro lugar y ver
las cosas desde la otra orilla.
Viven agarradas del estimulo-respuesta
como si fuera un solo bocado y
no una experiencia de dos pasos.
Entonces se pierde la emoción
de lo autentico pues todos responden
igual. Se nota la ausencia de
creatividad, de calidad y calidez
en las respuestas. No pueden aislar
su respuesta y comandar desde
sus sentimientos y racionalizaciones
personales justamente porque carecen
de ello. Están tan automatizados
que se han olvidado de pensar
con libertad de raciocinio y de
sentir con el corazón.
La rutina les ha borrado todo
rastro de originalidad. |
 |
| * |
Nunca
me voy a olvidar cuando un día
hablando con Leticia por teléfono,
y luego de haberle descrito los
básicos del sistema de
desempleo y la reinserción
laboral, ella se sorprendió
de lo bien organizado que estaba
todo y me pregunto: “y decime
Ale, la gente es feliz?”...
Una de las cosas que más
me impactó cuando llegué
a Ginebra fueron las caras sin
sonrisa y la poca amabilidad de
la gente en lo cotidiano. Y una
de mis mayores incógnitas
es llegar a saber de que se nutre
toda esta gente que esta tan cómoda
y tan satisfecha. ¿O será
que cuando estamos bien no podemos
aprender y solo cuando el dolor
nos espolea le damos verdadero
valor a la vida y nos volvemos
conscientes de nuestros sueños?
¿Tan hijos del rigor somos? |
 |
Ignoro que hubiera pasado conmigo
si yo hubiera nacido aquí y
desde la cuna no hubiera sufrido ninguna
privación si no hubiera estado
expuesta a esta migración que
tanto me duele pero que tanto me enseña.
¿Podría darme cuenta
de que hay otra manera de vivir? Supongo
que mi vida sería bien distinta
sin todas las experiencias vividas
y me pregunto que clase de ser humano
sería. ¿No soy un poco
dura con toda esta gente que tanto
critico simplemente porque al no haber
tenido “mis experiencias”
se comportan diferente de mi?
Mas allá de ese sentir y de
estas incógnitas, está
la realidad de como son. Y son distintos
y diferentes, tal vez mucho mas limitados
por no haber salido fortalecidos de
ninguna experiencia difícil.
Otra de las cosas que mas me impresionó
fue lo aislada que vive aquí
la gente, lo poco abiertos que son,
lo “fríos” como
solemos llamarlos todos los extranjeros,
hasta los ingleses! Muchos dicen que
es porque son calvinistas o porque
antaño Suiza quedaba aislada
de todos en el invierno, que no tienen
salida al mar, etc.
Cosa que me resulta sumamente difícil
es sacar temas de conversación.
Cuando me encuentro con gente que
no conozco, ya sea que vengan a mi
casa por primera vez o estemos compartiendo
una comida, me sucede algo que nunca
me había pasado y es que ¡no
sé de qué hablar! Se
teje un silencio espeso y los rodea
un aire de distancia que levanta un
muro infranqueable, que una no se
anima ni a preguntarles si trabajan
o que cuernos hacen en su vida, para
empezar a hablar de algo. Entonces,
sucede otro milagro, me quedo callada
y observo. Eso no me viene nada mal,
pero me siento sumamente incómoda.
Me devano los sesos pensando cual
es el lado positivo de vivir tan aislado
o si es que no conocen ni pueden imaginar
otro tipo de vida, mas solidaria,
mas compartida, mas espontánea
y divertida pero no logro llegar a
saber. Y escucho de Gustavo o de otras
personas que llevan años viviendo
aquí, las mismas quejas que
tanto me afligen. En Suiza se vive
así, con esa distancia insalvable,
con maestros de jardín de infantes
que saludan a los alumnitos dándoles
solemnemente la mano, con gente que
uno trata diariamente pero sin llegar
a profundizar lazos basados en compartir
el calor de la amistad, sin pedir
nunca prestado ni solicitar favores.
¿Será por eso que los
suizos no quieren casarse con suizas
y las suizas no quieren casarse con
suizos?
Pero por sobre todas las cosas, hay
algo que tiene para mí un valor
inmenso y es lo que me recuerdo cada
vez que tengo una pataleta de desarraigo
y me siento una verdadera desterrada:
aquí hay seguridad. Mis hijos
van y vuelven solos de cualquier lado
y a cualquier hora y no se me pasa
por la cabeza que puedan no volver
a casa o que alguien les pueda hacer
daño.
Ese es mi amuleto y es lo que hace
que soporte estoicamente todo lo que
tanto me disgusta. No puedo menos
que estar agradecida a un país
que me recibió, me formó,
me ayudó a insertarme en una
sociedad nueva, me dio trabajo y que
se encarga de formar y cuidar a mis
hijos.
Esa es mi realidad, vivir con lo
que extraño, con lo que anhelo
y aprender a enfrentar esos fantasmas
nutrida por los lindos recuerdos y
el agradecimiento de haber tenido
la oportunidad de vivir mejor y segura
aunque lejos de mis múltiples
afectos.
María Alejandra
Perciavalle
Nyon, 8 de mayo del 2004.
|