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Gabriel.
Israel
Imagina que eres argentino y estás
en Israel, y no entiendes ni una palabra
de hebreo. Imagina ahora que tienes
que tomar tu curso de idioma, y que
para ello entras a un aula, en la
cual hay otros alumnos. Te alivias
pensando que encontrarás algún
hispanoparlante entre tus compañeros,
pero enseguida descubres que todos
ellos son rusos, y que solo hablan
su lengua natal, y alguna que otra
palabra en hebreo. Imagina que, luego
de cinco minutos, entra al aula un
uruguayo que se ha visto demorado.
Te das cuenta de que es uruguayo porque
entra tomando mate. Le pides que se
siente a tu lado, sientes un poco
de contención, pensando que
tendrás con quien comunicarte...
Ahora, la profesora comienza la enseñanza.
No entiendes ninguna de sus palabras,
puesto que solo emite fonemas desconocidos
para ti. Miras su boca, ves como mueve
sus labios, y oyes los extraños
sonidos. Observas a tu alrededor,
cómo tus compañeros
parecen comprender lo que dice. No
entiendes cómo puede suceder
esto. Dudas sobre si entraste en un
aula de enseñanza de hebreo
o en un aula de enseñanza de
ruso. Buscas un aliado en el uruguayo,
pero te sientes defraudado puesto
que el también parece entender
los fonemas. Le preguntas qué
es lo que está sucediendo,
pero cuando está a punto de
contestarte, la profesora, con claros
gestos, manda a separarse de ti al
otro sudamericano aparentemente a
los fines de realizar una práctica
de conversación. Te das cuenta
de que estas solo, desamparado y desnudo....
Junto a ti se sienta un compañero
de los rusos. Tú te esfuerzas
en conversar con él con las
cinco palabras que acabas de aprender.
Le hablas. El otro te mira, pero no
te contesta. No puedes discernir si
es que no te entendió, o si
es que sabe menos que tú, o
si es mudo... Vacilas. Piensas que
cometiste un error en la construcción
de tu oración. Tratas de explicarle
al otro lo que quisiste decir...pero
no tienes más vocabulario que
el que acabas de emplear. Las palabras
en castellano quieren saltarse de
tu boca, pero tú las reprimes,
sabiendo que es en vano. El ruso se
da media vuelta y conversa algo en
su idioma con uno de sus camaradas.
Ambos se ríen. Tú no
sabes de qué...
La profesora dice algo, aparentemente
que la práctica de conversación
ya terminó, puesto que todos
se callan. Tu, que ya estabas callado,
sientes un poco de alivio. Pero ahora
la profesora se acerca a cada uno
de los alumnos, y les dice algo que
aparentemente es una pregunta, dado
que los alumnos le responden. En orden,
fila por fila, banco por banco, la
profesora pregunta, y los alumnos
contestan. Arrolladora y lentamente
avanza, y se acerca a ti, y tu corazón
se acelera. Hasta que inexorablemente
llega tu turno. Ella te mira. Tú
la miras. Ella abre su boca. De sus
labios salen unos sonidos que tú
apenas puedes distinguir. Todas las
miradas recaen sobre ti. Todos los
oídos están esperando
tu respuesta. Hay silencio. Mucho
silencio. Se oyen las respiraciones.
Transpiras. Ella te mira. Por el fondo
se deja oír una risita ahogada.
Tu memoria trabaja a la velocidad
de la luz, hasta que por fin, encuentras
la respuesta. Y la pronuncias....
Supongo que Edgar Allan Poe alguna
vez habrá intentado radicarse
en Israel, y hacer el curso de hebreo.
Porque lo que has leído, querido
lector, es, ni mas ni menos, el terror… |